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Miedos y fobias de nuestros niños: ¿cómo manejarlos?

El miedo es necesario, es un rasgo evolutivo que hace que nuestros pequeños estén alertas a cosas que pueden resultar peligrosas y los ayuda a madurar ante las realidades del mundo. Conforme nuestros pequeños crecen, el tipo de miedo que sienten va cambiando. Una fobia, por ejemplo, no es igual a un miedo común y estás dos difieren de la ansiedad. Identificarlos y relacionarlos a las etapas de crecimiento de nuestros niños nos ayudará a saber cuándo consolarlos y cuándo debemos buscar ayuda profesional. Estos son los principales puntos a considerar:

¡Todos los niños sienten miedo!

Nuevamente, esto es algo normal y hasta beneficioso. Un niño con miedo al fuego, será menos proclive a jugar con fósforos, por ejemplo. Al enfrentarse a sus temores, los niños aprenden a lidiar con situaciones difíciles que enfrentarán más adelante en la vida.

Miedos más comunes según la edad

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Dependiendo de la etapa de crecimiento en la que se encuentra, tu hijo o hija podría enfrentarse a distintos tipos de miedos. Generalmente, se dividen de la siguiente manera:

  • Bebés – Miedo a personas desconocidas, apegándose a los padres.
  • 10 meses a 3 años: Sufren de ansiedad al separarse de sus padres, incluso por cortos instantes.
  • 4 – 6 años: Sufren de miedos no basados en la realidad. Típicamente fantasmas, monstruos y otras consecuencias de su muy activa imaginación.
  • 7 – 12 años: A esta edad aparecen los miedos basados en peligros reales. Miedo a lastimarse, a los temblores y a la muerte.

Miedo vs. Ansiedad vs. Fobia

Importantísimo saber distinguirlos. Un miedo es algo común, pero la ansiedad crónica y las fobias pueden ser perjudiciales para la salud emocional de nuestros niños y hay que saber cómo tratarlas.

Los miedos: Son pasajeros. Un niño que alguna vez tuvo miedo a la oscuridad podría aprender a dormir con tranquilidad pasando los años. Algunos son producto de algún incidente. Por ejemplo: si a nuestro pequeño lo muerde un perro es posible que empiece a temerles.

La ansiedad: Persiste por largos periodos de tiempo. Ésta se debe identificar, ya que puede inhibir ciertos aspectos de su desarrollo. Un niño con ansiedad social, podría crecer siendo una persona retraída. ¿Cómo identificar la ansiedad?

● Cuando son muy apegados al padre, al punto de no querer separarse nunca.

● Movimientos nerviosos.

● Problemas para dormir.

● Manos sudorosas.

● Respiración acelerada.

● Dolores de cabeza y de estómago, como también náuseas.

Fobia: Se caracteriza por su irracionalidad y su severidad. Un niño que le tiene terror a las aves, sin haber sido nunca atacado o agraviado por alguna, podría padecer una fobia. Estas también pueden resolverse con el tiempo. Sin embargo, si la fobia afecta la vida diaria de nuestros hijos, debemos buscar ayuda profesional.

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¿Cómo ayudarlos a enfrentar sus miedos?

1. Reconocer el miedo: Hagamos saber que todos sentimos miedo y que es algo natural. Contemos algunas cosas a las que nosotros tememos para que se sientan más cómodos compartiendo las suyas. Este primer paso muchas veces termina siendo una solución en sí.

2. No ridiculizar nunca su miedo: Por más tonto que nos parezca, las burlas y las risas no harán que su miedo desaparezca.

3. Tampoco hay que evitarlos: Si nuestro hijo le teme a la oscuridad, no podemos permitirle siempre dormir con la luz encendida. Hay que trabajarlos gradualmente.

4. Aprender a vivir con ellos: Siempre tendremos miedos, por lo que es importante enseñarle a los niños que uno tiene que aceptarlos y exponerse a ellos poco a poco. Con el pasar del tiempo y con cada contacto, el miedo será menos problemático.

¡Enfrentemos esos miedos! Algún día podrán reír juntos sobre ellos.

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